Derrida para humanistas

 

Por Carolina Vázquez

El motivo por el cual nos encontramos presentes en esta esperada reunión virtual es una doble invitación; primero, es para reconocer el gran trabajo fruto de la reflexión de un largo estudio y constante diálogo con la diversidad de pensamientos de algunos de los autores y autoras mencionadas en esta obra, sobre todo, el pensamiento filosófico de Derrida con relación a la cuestión de la multiplicidad de seres vivos encerrados en el concepto de “Animal”. Por otro lado, el libro en sí mismo es una constante invitación a reflexionar sobre cuestiones que presuponemos en nuestro mundo Humano, es decir, la manera en cómo creamos nuestra realidad como humanidad, cómo la hemos interpretado, cuáles han sido las herramientas de las que nos valemos y las consecuencias que tienen de manera socio política y cultural. 

 

.Dicho de otro modo, es un libro que hace visible desde el pensamiento de Derrida principalmente un mal incrustado desde el principio de la humanidad y el cual sigue contaminando la idea de humanismo, ejerciendo una violencia brutal desde lo ontológico, hasta lo político, desde lo real, hasta lo simbólico.

Este tratado tiene la finalidad de cuestionar el poder que ejerce el humano masculino y blanco sobre aquellos a quienes no reconoce: lo femenino y los vivientes animales. A lo largo de la historia de la humanidad, surgieron un sinfín de problemas que devinieron en múltiples manifestaciones de violencia y dominación hacía lo que se considera “débil”.

No obstante, como humanidad pudimos explicar y plantear posibles soluciones a las adversidades que enfrentamos, todo gracias a nuestra capacidad de raciocinio y, por consiguiente, a nuestra ética humanista o al menos, esta es la historia que nos contamos consecutivamente sin ir a la raíz misma de la cuestión; resolver de manera no violenta a las interrogantes; ¿qué es el Hombre y cuál es la historia que se ha contado a sí mismo? Contrario a ello, tenemos ficciones de “supuestos del hombre” que alimentan los límites entre lo viviente humano y lo viviente animal, todo justificado bajo la ética humanista.

En el prólogo del libro, se presenta un estudio genealógico de lo que implica el concepto de “ética” teniendo 2 significados distintos y aparentemente contradictorios pero que mantienen relación: ipsiedad y sociabilidad. La primera da una dimensión subjetiva, que le otorga al humano la capacidad de pensarse a sí mismo y el mundo que lo rodea, mientras que la sociabilidad, refiere a las costumbres y hábitos. Ambas ideas reflejan que el lenguaje humano sirve para crear su realidad y la manera en cómo se relaciona, ya que el concepto “ética” afirma que el ser humano es el único en poseer la capacidad de sustraerse de la naturaleza e inventarse su propio mundo, lo que tiene como consecuencia, reafirmar “su propiedad” y, por ende, la relación que tiene con lo demás, en este caso, la alteridad animal. Es bajo esta lógica, que se sustenta la ética humanista. Con base en lo anterior ¿se puede hablar de ética animal? La respuesta es planteada bajo la idea y acto de la deconstrucción.

En el capítulo que más me conmovió, es que se aborda la importancia de la estupidez y ¡vaya que es de importancia! Nuevamente el autor hace una genealogía sobre el concepto en francés de la palabra “bete”, teniendo un significado doble al referirse al animal y a la estupidez, esta última vista como condición radical de la libertad y la conciencia en todo lo viviente y no como algo negativo a eliminar contrario al logos que sustenta la ética humanista. En este sentido, el concepto de la estupidez bajo la filosofía de la deconstrucción, no tiene jerarquizaciones ontológicas ni antropológicas. Así mismo, busca la pérdida de la violencia al dualismo; respuesta vs reacción, es decir, a la responsabilidad moral y el mecanismo primordial de cada ser vivo. En este apartado, el concepto de “libertad” tiene una relevancia ontológica, existencial y política.

Como mencionaba en un principio, la humanidad ha tenido que enfrentarse a múltiples conflictos, que sigue sin poder solucionar porque en muchas ocasiones no es posible vislumbrar los límites entre un conflicto y otro, resultando complicado plantear soluciones. Por medio del concepto “carnofalogocentrismo”,  Derrida hace visible la interseccionalidad de los problemas que mantienen relación entre sí, pero que no son individualizados y se sostienen bajo “éticas carnívoras”, que a la vez son alimentadas por lo que refiere el concepto de “sacrificio carnívoro”, es decir, instituciones Occidentales. El libro que aquí presento, es un estudio cuidadoso en doble sentido, primero al tratarse de una auto-traducción del francés al español, el autor explica de manera clara cada concepto e idea que desarrolla y segundo, porque es un riguroso análisis transdiciplinar que planea cuestiones relevantes y pocas veces abordadas fuera de la ética hegemónica en pro de una ética animal principalmente, pero que contempla lo femenino como lo otro excluido y sometido bajo el poder político que se encarna en el hombre de sexo masculino, haciendo un sacrificio ritualístico con una doble dimensión: material (por medio del animal) y simbólica (por medio de lo femenino). Por consiguiente, este libro busca explicar que la deconstrucción tiene como una de sus finalidades dejar de ver a las mujeres y los animales como cuerpos de trabajo y reproducción. No obstante, el autor es consciente que no es un camino sencillo que vaya a darse de la noche a la mañana, pero que hay posturas políticas que son esenciales como las éticas que tienen como eje central los vivientes animales, por ejemplo, el veganismo y, por otra parte, los feminismos que reconocen y abrazan en su lucha los vivientes animales y yo podría agregar, a la Naturaleza en sí.

Otra cosa que de manera personal puedo mencionar, es la cuestión existencial de pensar a lo humano; es decir, hemos aceptado en gran medida bajo los “supuestos del hombre” una forma limitada de ser con todo lo que esto conlleva bajo el contexto Occidental. No obstante, existen múltiples epistemologías y ontologías fuera de la figura del adulto masculino europeo, existe lo femenino, las infancias en el sentido etimológico y lo decolonial, por mencionar algunas. Dicho de otro modo, lo liminal entendido como intersección y lo no clasificable desde los conceptos occidentales. Por lo tanto, al ser consciente de no sabernos limitados en tanto “los propios de adulto masculino europeo” y apelando a Derrida, tenemos la posibilidad de poder cambiar de paradigma fuera del antropocentrismo y el especismo adoptando éticas en donde quepan lo femenino y principalmente los vivientes animales, regresándoles o, mejor dicho, reconociendo la estupidez que les pertenece. En consecuencia, considero que el libro nos ofrece de manera constante la oportunidad de replantear las ideas que esconde los conceptos que han cimentado la ontología de nuestra sociedad; que como bien señala el texto, nació de la violencia y genera más violencia, por lo que es un ciclo que se retroalimenta. No obstante, el libro que presento exhorta de manera insistente a cuestionar y hacernos responsables, no solo los cimientos de la ética humanista, sino con este doble sentido explicado desde el principio, de manera individual, las acciones que realizamos en la cotidianidad con relación a la falta de reconocimiento de las demás alteridades y por consiguiente, la violencia que ejercemos y de la cual, también somos sometidas, en el caso de las mujeres.

 

 

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