“El trabajo del testigo. Testimonio y experiencia traumática” de Mariana Wikinski (La Cebra, 2016)

alejandra hernandez

Por Alejandra Hernández

“No tenemos derecho a no escuchar”. De manera casi inmediata esta frase aparece en el primer capítulo del libro que nos ofrece Mariana Wikinski, esas palabras no dejaron de resonar en mí desde que las leí, podríamos preguntarnos si es o no, una verdad absoluta. Podría ser debatible, al menos así lo deja claro la autora al decir que en dicho capítulo no nos encontraríamos con afirmaciones incontrovertibles, pues así fue, y no solo en su primer capítulo.

En mi lectura percibí mucha calidez por parte de Mariana, dándole otra voz a lo que conocemos como testimonio. La mayoría de nosotros podríamos tener alguna idea, por más vaga que esta sea, de lo que es un testimonio, es decir, relatar algo que presenciamos, describirlo y detallarlo desde nuestra perspectiva.

La autora comienza a problematizar ¿cómo es el testimonio de un testigo que presenció el mismo evento que otras tantas personas? ¿los relatos serán iguales a detalle?

Estas, y otras preguntas realiza la autora, además de que también me fui planteando otras tantas, ya que, mi labor como perito en psicología dentro de la Fiscalía de mi Estado compete a la atención a víctimas, cuya mayoría no son solo eso, sino que también son testigos, es por tal motivo que la obra de Mariana me pareció de lo más relevante, además de alentadora. Lo comento así porque ella puntualiza todos esos puntos u “obviedades” que siempre deben estar presentes al estar frente a frente con personas que pasaron por algún suceso traumático.

Mariana deja muy claro el uso y el trabajo de la ética y lo que se puede sesgar con la moral, además la autora realiza un recorrido muy específico a tomar en cuenta cuando de testigos se trata. Puntualiza la ética ante el sufrimiento del otro, podemos apreciar que toma en cuenta la narración de lo traumático y el testigo/superstes ante la justicia, dar espacio a testimoniar la vergüenza y hablar por otro.

Pude percibir que en México no tenemos una diferencia abismal en cuanto a la “impartición” de justicia de se trata. Dentro de las instituciones gubernamentales se tiene la idea de que las mismas están destinadas a resolver de manera “favorable” los casos de víctimas, sea cual sea el delito, y para esto se trabaja no sólo con las evidencias que se puedan aportar. Lo más relevante, y por lo que se inicia una carpeta de investigación es por un relato que cambia su nombre a una denuncia, lo cual se convierte en un testimonio. Esto sucede cuando se llega ante un tribunal de justicia que está integrado por jueces que escucharán y darán valor a lo dicho con base en sus propias perspectivas y, lo más “importante”, lo que dicten las leyes.

Considero que Mariana Wikinski realizó una labor que pocos hacen: escuchar y estar atenta a todo lo que pasa alrededor de los testigos, ella nos abre una invitación a no solo oír lo que queremos, nos invita a involucrarnos con nuestras interpretaciones

y nuestra conveniencia. Nos incita a reflexionar y considerar todo el contexto, desde lo acontecido, el tiempo en que pasó, lo que ha hecho la víctima y/o testigo para asimilar lo sucedido; por otro lado, estamos los agentes que laboramos frente a esas personas, y así darnos cuenta si estamos escuchando con nuestra moral, prejuicios, si estamos cansados o agobiados, saber preguntar.

En fin. puedo seguir, y, sin embargo, considero que no terminaría de describir todo lo que Mariana nos ofrece en este gran libro. Así como ella abriría la invitación a leerlo, analizarlo y cuestionarse, sobre todo aquellas personas cuyo trabajo consiste con víctimas y/o testigos, ya que, como dice Mariana “no tenemos derecho a no escuchar”, en especial en instituciones cuya función es proteger, prevenir, investigar y enjuiciar todos los delitos que en teoría no deberían suceder. No obstante, la tarea de las instituciones se poner al frente y escuchar a lo que las personas que han padecido dichos delitos tienen por decir. Su palabra y testimonio es lo que debe dar fuerza y potencia para que estas instituciones realicen lo que profesan: “la impartición de justicia pronta y expedita”.

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