“La ansiedad que no cesa”

Por Mariela Escamilla

La ansiedad que no cesa. Es el título del libro del psicoanalista Fernando Martín Aduriz. Publicado por Xoroi edicions, traído a México por “El diván negro”. Hablar de ansiedad en la actualidad es la psicología, la psiquiatría y los dispositivos de salud mental, un asunto de carácter urgente. Las llamadas al psicólogo que se agudizaron debido a la pandemia, comenzaron a ser un asunto de reconocer dicho cuadro clínico. La OMS al inicio de la pandemia, advertía de los efectos que se presentarían en salud mental (especialmente ansiedad y depresión) debían atenderse oportunamente. La ansiedad es hoy, síntoma de la vida cotidiana. Antes de iniciar la pandemia por el covid-19, se hablaba de la ansiedad como una epidemia en el área de la salud mental, una epidemia silenciosa, dice Fernando en su libro.

Estos cuadros clínicos, venía en combo: “ansiedad y depresión” y yo añadiría, también el consumo de sustancias, síntomas de nuestra época, o mejor dicho de un malestar contemporáneo. Adjudicar en su totalidad estos síntomas al covid-19 sería algo ingenuo, éste malestar ya era algo característico de nuestra época tan acelerada. No hay tiempo para pensar, solo para producir (es la realidad de muchas personas), observamos son los efectos del capitalismo.

Por lo anterior, considero necesario retomar la propuesta de Fernando Martín, publicada en 2018, para escudriñar el término “ansiedad” volviendo a las posibles raíces de su origen; la angustia, uno de los temas desarrollados por el psicoanalista francés Jacques Lacan.

La ansiedad que no cesa

El libro “la Ansiedad que no cesa” nos invita a hacer un recorrido por 14 capítulos titulados:

 

  • La ansiedad que no cesa.
  • El envoltorio.
  • El ataque de pánico.
  • Calmar la ansiedad.
  • La espera espinosa.
  • Ansiedad y mal de amores.
  • La entrada: el huésped desconocido.
  • La prisa.
  • Los juegos del ansiolítico.
  • El viaje.
  • La página en blanco.
  • La angustia, signo del deseo.
  • La angustia, señal de lo real… y por último…
  • La ansiedad que cesa.

Al comienzo de esta lectura, me surgieron algunas de las siguientes preguntas con respecto a la ansiedad:

¿Qué la produce? ¿Por qué resulta tan paralizante y descolocante? ¿Qué hay detrás de la lógica de este síntoma? ¿Por qué el uso del fármaco en la mayoría de los casos, está siendo la primera opción de tratamiento? ¿Qué sucede en nuestra actualidad, además de la pandemia, para que el síntoma de la ansiedad sea parte de la vida cotidiana de una persona? ¿Qué relación tiene la ansiedad y la angustia en términos psicoanalíticos?

Estás preguntas se van tejiendo y desmenuzando a lo largo de dicho libro. Puedo decir, que como docente del ámbito de la psicología, la propuesta de Fernando Martín, resulta pertinente y esclarecedora para los interesados en ir más allá del diagnóstico de manual (DSM-V)  o cualquier otro manual psiquiátrico.

Pensar el síntoma y su función particular en cada sujeto, nos invita a tratar con pertinencia la lógica que opera en ello, abandonando las ideas reeducativas conductuales que obligan a quitar de tajo una forma de posicionarse frente a la angustia, que puede resultar mucho mas devastador para el sujeto que presenta un cuadro clínico como la ansiedad.

¿Entonces, qué es la ansiedad? Dice Fernando en su libro:

Un envoltorio. La tarjeta de visita con la que se presenta la angustia que nos visita de vez en cuando, el momento en que perdemos nuestro GPS, nuestras certezas, las seguridades de que el Otro no desea nada pernicioso de nosotros y dudamos de sus intenciones, imaginándonos lo peor, o cuando perdemos el control de lo sabido, navegando en el mar de lo inquietante, de lo que no sabemos”.

 Surge cuando algo acontece en nuestra vida que produce incertidumbre, desasosiego (a lo Pessoa), inquietud y sobresalto, algo que supone un antes y un después en nuestra vida. Padecer ansiedad es ser protagonista activo, y no pasivo”

 ¿Qué es ese huésped extranjero? Eso que no para, que se vuelve avasallante, que imposibilita, que deja sin palabras, sin capacidad de simbolizar…

Este libro también es una invitación a repensar la clínica, mi experiencia y práctica clínica. Recordaba el relato de una paciente al describir este síntoma: “no se en que momento llegará, pero se que tarde o temprano volverá a pasar, de pronto llega esa sensación en el cuerpo, sientes que te vas a morir, y no se puede controlar” Esto, después de un episodio de pánico.

Es claro que el cuerpo está implicado, físico y psíquico, algo se manifiesta en señales de sudoración, palpitación, taquicardia, temblores en el cuerpo, alteración en la percepción, sensación de huida, y un inminente peligro, se hace presente, pero, ¿por qué resulta tan complejo asomarse a las rendijas de tal situación? La pregunta es la puerta, la salida de emergencia, esa que se busca frente a una crisis de pánico, es la posibilidad de no acorralarse, de que algo de lo simbólico comience a operar.

Comenta Fernando:

Cuando no hay salida, cuando falta la falta, cuando debiera de haber una puerta y hay un muro. En nuestra época también se abusa de la elección, tenemos que elegir demasiado, tomar demasiadas decisiones, y muchos optan por la ansiedad, otros eligen no elegir”.

La ansiedad, como decimos acá en México, es estar nerviosos. “Se está nervioso”, “se está inseguro”, y quizás, muchas veces, ¿cómo no estarlo? No hay garantías, dice un paciente, pero la vida nunca las ha tenido. “¿Algunos consejos prácticos para quitarme la ansiedad?, ¿No me vas a enseñar a respirar?” Son algunas preguntas que hacen mis pacientes. Otras veces comentan que han escuchado los consejos de amigos y familiares: ¡Deja de estar nervioso!, ¡tómate unos tequilas para agarrar valor!, ¡fúmate un cigarro o un porro! y ¡qué sea lo que dios quiera! Respiraciones profundas, fármacos auto recetados o con recetas, da igual, técnicas de yoga, consumo de sustancias, sexo a lo tinderesco, comida en exceso, evadir o postergar, fugarse de mil maneras. Como si estas situaciones en dónde nos invade la angustia, figuraran solo de una decisión consciente.

¿Cuál es la lógica, la función en cada uno de los sujetos? La ansiedad es el envoltorio de la angustia, es la tesis que sostiene Fernando a lo largo del libro.  La propuesta de intervención clínica que se despliega desde la escucha, para que algo pueda ser acogido, que tenga implicaciones en el sujeto, y que no se deposite en el recurso del fármaco “En la clínica cotidiana los sujetos que presentan cuadros de ansiedad representan una diversidad. De edades, de estructuras clínicas y de coyunturas. En Todos ellos se trata de encontrar una vía singular a descubrir para el cese de la ansiedad” “El problema al recetar ansiolíticos, como solución inmediata a corto plazo, se corre el riesgo de que el sujeto no desee hacerse preguntas acerca de su propia participación subjetiva”. Hay una borradura del sujeto, una obturación en el deseo. “El sujeto con ansiedad es un sujeto de la no espera, que espera y que teme lo que va a venir, lo que puede surgir”. Considerar la vida como algo potencialmente peligroso, quizás hoy entre como una realidad inminente, frente al escenario de pandemia en el cual nos enfrentamos con la realidad, la vida misma que avasalla.

Concluyo diciendo que este libro, nos propone el termino, tan común dentro del área de la salud, y, mejor dicho, tan familiar en nuestra vida cotidiana, como la puerta de entrada para asomarnos al deseo, a la relación con la angustia, de la cuál uno no quiere saber nada, pero que tarde o temprano se asoma.

“Poner en marcha el propio deseo supone preguntarse si se quiere, o no, aquello que se desea. A sabiendas de que el deseo siempre es ignoto y lleva su tiempo desentrañarlo”.

Pero no hay tiempo, dicen los pacientes, ¡necesito quitarme esto ya!, de ahí la demanda al fármaco y todas las anestesias que tarde o temprano dejan la caída libre. La apuesta clínica, como también nos invita a reflexionarla en el libro, se trataría de atravesar esos senderos que activan la ansiedad.

Cito textual: “También cesa la ansiedad cuando se acepta perder el control, y cuando dejan de elegir no elegir”, que se produzcan las preguntas, “Agitar, movilizar, conviene más, que aconsejar o dar pautas, que por supuesto, tarde o temprano el sujeto no podrá seguir, como tampoco podrá recurrir al cursillo de respiración que le ha enseñado el psicólogo”.

La propuesta, al final del libro, es a la escucha, esa escucha que se despliega y produce efectos en el análisis, tejer la lógica que sostiene cada sujeto, y a su relación con el deseo.

 

 

 

 

 

 

 

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