Notas a “El péndulo del pharmakon”


Por Samantha Aguilar

Si se pone énfasis en algo desde el inicio de estos breviarios clínicos, es en la invitación a explorar, a hacer y deshacer junto con lo que Samuel nos presenta: tres ensayos que narran la clínica bajo las vertientes del cuerpo, la política y las infancias, mismas que en el fondo se sostienen bajo los temas de las pasiones, la enfermedad y los cuerpos. Todos estos temas se articulan para proponer una lectura de la clínica que abre preguntas para ser enunciadas. Ahí se encuentra la potencia de lo que se intenta transmitir. Se trata de preguntas que enuncian y denuncian situaciones, prácticas y concepciones que existen en la clínica (de) formadas por los discursos políticos, ideológicos y médicos.

 

La figura del péndulo -que se utiliza para dar forma a una serie de experiencias y trabajos clínicos- sirve como metáfora para mostrar el vaivén en el que circula el giro de las inquietudes que tocan al autor con respecto a la clínica, el psicoanálisis y la política, desde la ética, la palabra y el deseo .La propuesta de un pharmakon, como sustancia venenosa que en su dosis exacta delimita un cuidado de sí, se extiende por las tres oscilaciones enmarcando una práctica de subversión contra un poder que impera y que devora al sujeto, por medio de la apertura de interrogantes y de la propia palabra. Este poder se hace presente a través de un discurso y de prácticas que psicologizan y estructuran lo que se entiende por salud y enfermedad, las cuales se cuelan en los consultorios a través de la propia formación psicológica que nos es brindada bajo el marco de la institución. 

Es por ello, que estos ensayos proponen el signo de la palabra, en tanto pregunta, para ubicar(nos) desde dónde escuchamos y leemos la clínica. Precisamente, Samuel nos propone que esto es parte del trabajo del analista: dejar abierto aquello que no puede ser completado ni respondido, para dar lugar a eso que se mece entre la vida y la muerte, entre la palabra y el acto. Es lo que aparece como un espacio en blanco, con la potencia y la fuerza de crear, de construir, de reinventar y de alterar. Es con lo que trabajamos desde el psicoanálisis: el deseo.

Bajo esta línea, la propia lectura se convierte en un ejercicio de diálogo que nos invita a cuestionarnos y a subrayar en nosotros aquello de lo que se escribe, puesto que no son temas que nos resulten ajenos a quienes ejercemos la clínica o nos interese formarnos en la práctica psicoanalítica.

El péndulo del pharmakon. Pasión, Enfermedad, Cuerpos -breviarios clínicos-
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