“Otra sociedad para la locura. Estudios sobre los lazos sociales en las psicosis”

Samuelhernandez

Por  Samuel Hernández 

(Primera parte)

Carolina Alcuaz propone otra sociedad para las locuras. Su propuesta se escribe desde un trabajo que se incorpora a un dispositivo clínico-hospitalario, un lugar por excelencia para la recuperación y el cuidado, no solo de los signos de la enfermedad, sino también, del cuidado de la alteridad y sus múltiples rostros. El trabajo textual que se presenta también logra realizar una operación de escritura, donde los relatos de quien padece las locuras encuentran su armonía en un mapa textual de la locura, y más aún, Carolina logra situarse con el otro para ser la coordenada de lectura de esta obra.Es decir, el aparato crítico que se propone reside en un lugar muy peculiar y bastante complejo, ya que sin perder la rigurosidad teórica que todo psicopatólogo precisa para su actuar, el gesto clínico brinda la hospitalidad que cada afecto suscita. No hay frialdad y rechazo ante la diferencia.

Por ello que situarse no solo como un clínico y desde la experticia psi baste para el acompañamiento de las locuras. El trabajo del clínico también exige otros modos de actuar frente al otro, por ende, que también esté dispuesto a escribirse junto al otro. Dicha tarea no es trivial, produce un sentido, ya no solo en su trayecto de lectura, sino de incidencia en la práctica que funge como un mediador entre el padeciente y el mundo. Ahora bien, si hay algo que podemos verificar en nuestras sociedades actuales (donde los imperativos del rendimiento, las epidemias de la ansiedad y la depresión, la digitalización de la vida cotidiana y la fragilidad de los lazos afectivos), es que el otro se desvanece, se anula o deja de existir, el otro queda ensombrecido y el ser hablante sin un Otro:

 

«Aquello que nos era evidente y habitual deja de serlo. El sentimiento de familiaridad que nos unía al mundo desaparece. El sentido común se desvanece y enloquecemos en el ensordecedor silencio de las cosas»

 

La orfandad retoma su fulgor y su pharmakon no puede ser creado por sí mismo, de manera individual o en un laboratorio. Quien padece el mundo —en su sentido de afecto— no tendrá cura por vías de un narcótico, aunque, ciertamente, en momentos será necesario, pero la potencialidad de la cura no queda cercada por los muros de un hospital, los avances tecnocientíficos o la caridad. Si logra existir un tratamiento para la sociedad, también le exigirá cierta dosis de sinrazón.

La obra de Carolina Alcuaz invierte de manera excelsa los sentidos de la imagen del saber psi para construir desde una narrativa propia, y bien argumentada desde la psicopatología y el psicoanálisis, otros modos de acoger la diferencia, donde ineludiblemente la ética y la sensibilidad ante las locuras serán el inicio de un tratamiento de otra sociedad para la locura.

 

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