“Panero y el psicoanálisis”

Amorhak Ornelas practica el psicoanálisis en la ciudad de México y es cofundador de Instancia Psicoanalitica

Por Amorhak Ornelas Vázquez

El primer acercamiento que tuve a la obra de Leopoldo María Panero, podría decir que fue a partir de cierto prejuicio, aquello que Sigmund Freud llamaba como el “horror reverencial que los pueblos antiguos testimoniaban a los locos”. Y efectivamente, en las licenciaturas de psicología, los posgrados y las formaciones de psicoanálisis, se suele recibir a la locura desde ese lugar de morbo, curiosidad y estupefacción. Incluso, cuando se trata de una locura llevada al poema, escuchamos el término tan trillado de “poeta maldito”. Mis amigos de filosofía y literatura me decían “tienes que leer a Panero, habla de Freud y Lacan”, y hasta ahí, sin mencionar nada más de lo que eso podía significar. Y es que muchas veces lo que puede aportar un estudiante de letras sobre Freud o Lacan es nulo.

 

Me tomó algo de tiempo tener otra aproximación a la locura, como la que lleva a cabo Freud, cuando considera que los locos saben más de la realidad psíquica, y que pueden revelarnos más cosas que les resultaría inaccesibles a un psicólogo o psicoanalista. En una conferencia sobre La descomposición de la personalidad psíquica, Freud hace la pregunta “¿Qué tal si los locos tuvieran razón?”. Y así fue, ya que Freud fue alguien que sí les hizo caso, al grado de que no podríamos entender ciertos giros teóricos importantes de sus teorías, sin la interlocución o lectura con la locura. Por ejemplo, en Un caso de paranoia descrito autobiográficamente, Introducción del narcisismo y el Yo y el ello. Obras donde encontramos que Freud es atravesado y transformado por la escritura de la locura.Al respecto, en el campo freudiano aún no hemos insistido lo suficiente de la importancia de la poesía y la escritura de Leopoldo María Panero. La relación que estableció este poeta con el psicoanálisis (sobre todo con Lacan)

Leopoldo María Panero 0 las máscaras del tarot

nos habla del encuentro de la lengua castellana con el psicoanálisis y de un psicoanálisis de la lengua castellana. Para Panero la importancia del psicoanálisis radicaba en que “comprueba al ser humano en toda su miseria objetiva”. Freud sostenía que el psicoanalista no debe dudar jamás en delirar, y por su parte Lacan mencionaba que el psicoanálisis es una práctica delirante. Precisamente en Panero encontramos un “Homenaje a JACQUES LE CAN” y un “Tarot del Inconsciente Anónimo”, algo que de cierta manera interpela a los que estamos en el ejercicio de ir a lalengua en psicoanálisis. 

Los analistas se han interrogado por la locura, que es una encrucijada en las que se confrontan ciertas fronteras de la psiquiatría, el derecho y los aparatos de control del Estado. En la actualidad, aunque la locura se presente en los actos humanos como irracional, incorregible y subversiva, muchas veces su palabra está psiquiatrizada. Es decir, la locura de nuestros días ha tenido una recepción psicopatologizante y de readaptación. A Panero le tocó vivir esa psiquiatrización, empero, a su palabra, no. Los psicoanalistas, en algún momento de nuestra práctica o lecturas, nos encontramos con la “folía”, que deriva del latín follis, a través del francés folie, que desde el siglo XIII, es sinónimo de locura. La folía se relacionaba con cierto vaciamiento de la cabeza, de aquéllos que habían perdido los sesos y su cabeza se encontraba inflada de aire.

Este vaciamiento operado por la folía mediante los juegos de lalengua (neologismo lacaniano) nos enseña lo lejos que nos encontramos de utilizarla para esos fines en el campo clínico. Exactamente Leopoldo María Panero nos enseña lo contrario. Nos enseña con su poesía un ir a lalengüa, un encuentro con nuestra folía. Esto es algo que podemos encontrar en el texto de Xalbador García, cuando Panero le dice “la locura puede descifrarse y la poesía es una vía para descifrarla”.

Al respecto, los poemas de Leopoldo María Panero son los frutos de este encuentro de ir a lalengua, él hizo la apertura de abrir la lengua a lalengua (lalengua es la lengua empapada por el goce y portadora del deseo), al retorcer, estrujar y confundir las palabras de la lengua, para que esta piense. Y sí, como lo dice el filósofo francés Alain Badiou, en su libro Que pense le poème?, “El poema puede bien ser un pensamiento […] El poema es ante todo este fragmento único del discurso retirado por sí mismo de la información universal. El poema es un punto de detención. Detiene a la lengua sobre sí misma”. Esto es algo que también advierte Panero en su prólogo de El tarot del inconsciente anónimo, cuando dice “El loco contiene también al logos negativamente, pero lo contiene, pues si no podría ser contrario, o lo que es lo mismo, estar en relación con él”. Y entiendo porque Xalbador García llame a Panero en su libro como “el demiurgo”, éste en el Timeo de Platón es un orfebre, arquitecto o alfarero que da la constitución del mundo. Algo similar hace el psicoanálisis. Un psicoanálisis propio de una lengua es el que opera sobre ella para abrirla. Por ello Lacan decía que un analizante no es un poeta, pero sí un poema.

Respecto a la relación de Panero con el psicoanálisis, quiero señalar dos cosas: lo que él ha dicho respecto al psicoanálisis, y lo que los psicoanalistas han dicho respecto a Panero.  En lo primero, en Poemas del manicomio de Mondragón encontramos un ensayo muy interesante que se titula “El fin de la psiquiatría”, donde hace referencia a Lacan y a Freud, su breve poema que titula “Psicoanálisis” y la fragmentación del nombre propio que opera en Jacques Lacan en su “Homenaje a Jacques LE CAN”. En sus artículos en la revista Egin, ABC, sobre “La vigencia del psicoanálisis y “Hegel y Lacan, es donde encontramos cosas como “La obra de Freud tiene actualmente sólo la validez de haber sido él el primero en sostener la racionalidad de la locura”. Por parte de los psicoanalistas encontramos el libro de Raquel Capurro Leopoldo María Panero. La locura llevada al verso, donde hay un extenso trabajo de una clínica del escrito, en el que la letra de los poemas de panero, desde la tesis de esta autora, le permite hacer pasar la locura al verso: fragmentando su nombre y jugando irónicamente con él. O, la Evocación de Panero que hace el escritor y psicoanalista Jorge Alemán. Ahí Alemán nos dice que Panero fue uno de los primeros interlocutores lacanianos que tuvo en su exilio en España a mediados del 70.  Panero leía el texto lacaniano desde lo que Alemán llama una “encrucijada altamente singular: lo leía mientras se desintegraba el mundo simbólico en el que había nacido como lector. Para Leopoldo, Lacan era transparente”. Pero lo que llama más la atención en la evocación de Alemán, es que refiere sobre el deseo de Panero de transformarse él mismo en psicoanalista (un poco como la mal entendida formula de Lacan de que el analista no se autoriza más que por él mismo). ¿Cómo hubiera sido eso? ¿Cómo hubiera sido Panero analista? Quizás lo fue a su manera, al llevar acabo un psicoanálisis de la lengua, al abrir el lenguaje a lalengua. Y es que, finalmente, hay tantas y tan diversas maneras como las razones de cada uno para hacer esa elección loca de convertirse en analista. El psicoanálisis no se podría reinventar sin la locura, por ello que la lectura de Panero nos sea crucial.

 

 

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