“PARA COMERTE MEJOR” Anorexia y políticas del cuerpo femenino

Justo como se menciona desde el inicio de este libro, Mariela «nos muestra el laberinto que implica abordar esta temática que bordea tantas aristas.» Nos percatamos desde el primer momento con que la sobredeterminación es central al hablar de estos padecimientos.

La autora, en la introducción del libro, nos lleva a dar un breve recorrido por distintos contextos socioculturales, y en cada uno de ellos enlaza la historia de una mujer que lo padece: Helena, Ana, Lene Marie, Francisca, Desiree y Denise, conforman una pequeña muestra de cómo cada mujer independientemente de su país, edad, condición social o económica, está sujeta a la mirada del Otro social quien funda una identidad de «ser mujer» y a la cual es necesario someterse para adquirir valor y una existencia con sentido ante dicha mirada.

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Pues, mientras estas mujeres dejan de lado su hambre, se desdibuja su deseo, se llenan de angustia y mientras desaparecen, existen dejando solamente un resto que se remite al goce, y les permite sentir un sostén ya sea mediante miradas o palabras aprobatorias por una feminidad erotizada, o en su contrapunto un cuerpo deserotizado que protege del abuso.

«De esta manera, la anoréxica encarna descarnadamente algunos de los valores más estructurales de una sociedad obsesionada con la delgadez, la juventud, y el miedo a la muerte

En primer momento la lectura me ha hecho pensar en el cuerpo.

El cuerpo es el medio por el cual estamos presentes en el mundo, nos expresamos, vivimos y al mismo tiempo el que impide y limita, es una superficie de inscripción, el cuerpo acontece y hace síntoma.

Mariela eula

Se esconde aquí la a veces desestimada diferencia entre ser y tener un cuerpo, pues tener un cuerpo que nos es extraño, como una cosa opaca y enajenada, que es propiedad de otro o de su discurso, arroja a los sujetos a una extrañeza consigo mismos de no habitar, de no ser. O de ser, solo allí en donde quedan sometidos a los estándares aprobatorios del algún otro. Desde esta perspectiva podemos ubicar la gran importancia de lograr anudar el cuerpo y así, ser.

En psicoanálisis muchos autores han reconocido la estrecha relación entre la vinculación con la madre, la individuación y la constitución de la imagen del cuerpo que da lugar a la construcción del ideal del yo. Ante las relaciones inadecuadas, excesivas o deficientes de este primer otro, encontramos sujetos carentes de iniciativa y con fuertes dependencias a terceros para sentirse unificados y resguardados de la disolución.

«Lo que aquí se pondría en juego entre la madre y el niño sería, según Dio Bleichmar (2000), una falta de afirmación de la voluntad deseante del infante, y de su self emergente. La comida resultaría indiferente frente a la necesidad de sentirse reconocido por el otro

Es necesario que la madre pueda responder al llamado de su hijo desde la mirada, la palabra, los cuidados, el alimento, el amor, es decir ofrecer una dimensión simbólica que los humanice, ya que ello facilita el acceso del niño al mundo, permitiendo en un segundo momento la separación y el advenimiento como sujeto deseante.

De igual manera el complemento de la metáfora paterna debe dar sostén estructurante del psiquismo infantil ya que un padre que no introduce ninguna normatividad o en su lado opuesto siendo autoritario, contrapone la posibilidad de cualquier deseo.

Si pensamos en quienes padecen un trastorno alimenticio nos encontramos con que la imagen de su propio cuerpo se aparece como ajena debido a una insuficiencia narcisista que le imposibilita la simbolización, debido a impasses en el proceso identificatorio. En donde el otro no se ofrece como un sostén simbólico positivo, sino que ofende, degrada, fisura. Tomando mayor fuerza generalmente en la adolescencia pues es cuando adquiere un rol central la separación de la infancia y la autonomía.

Me parece importantísimo el trabajo que Mariela hace sobre el cuerpo femenino, pues, si bien no son padecimientos exclusivos de las mujeres, si se presenta mucho más frecuente en ellas por la cuestión de género y de las exigencias sociales ancladas a ello.

«La niña es invitada a transformarse en una mujer que encarna socialmente la falta de autonomía, la pasividad, las desventajas socioeconómicas, la maternidad como meta existencial que frustra sus ideales profesionales y estéticos, y es —en todos los casos— una adultez acechada por el peligro de la violencia material feminicida, con una adicional y probable relegación al lugar de objeto

La mirada voyerista que se genera del cuerpo femenino produce culpa en la niña que se considera la causa de la mirada. Esta huella de «provocación» que no le corresponde y por tanto no puede controlar la pasiviza, la inhibe, la vulnera y la hace sentirse culpable de su propia sexualidad.

Desde Freud puede leerse una forma de expresión de esta frustración y hostilidad que no va hacia afuera, sino que retorna al propio cuerpo, dado que en general la educación hacia la mujer es más de contención y constreñimiento. Esto podemos notarlo en los mandatos sociales, tales como: «ser una señorita,» «las mujeres no hacen tal o cual cosa» como no portarse mal, contestar, ser irrespetuosas, gritar, ser violentas, agresivas, y del otro lado  «las mujeres hacen tal cosa» por mencionar algunas: cuidar la alimentación, la línea, vestirse para complacer, maquillarse, ser madres. Y vamos entonces caminando hacia una trampa del «deber ser» en donde siempre pecamos por acción u omisión. Se deja de lado la pregunta del desear ser, dando lugar a malestares y dolores que se representan muchas veces en el cuerpo.

La lectura psicoanalítica que se le da al cuerpo, incluye la historia y las coordenadas singulares y contingentes, se aleja así de un enfoque biologicista o reduccionista, pues  sin el anclaje con el diagnóstico, el síntoma debe ser escuchado desde la máxima singularidad posible, es decir, desde su diversidad.

Por ello la mirada del caso por caso que trabajamos en psicoanálisis me parece una importante forma de acercarnos a los sujetos, pues sabemos que no es posible separarnos de lo social y lo político. En este punto menciono en paráfrasis lo anotado por lacan sobre el hecho de que el síntoma debe ser tomado cada vez como particular, y eso no le hace perder su carácter universal, sino que, más bien, le hace conservarlo, gracias a su estructura de significación.  

Este libro me ha permitido, comprender definiciones, factores causales, dimensiones históricas y culturales, que son vitales para el abordaje de estos padecimientos.  Y en cada una de esas líneas, se asomaba algo que no está escrito, un camino más del laberinto, de mi lectura, que da muestra de mi vivencia como mujer y de mi escucha profesional de otras mujeres, con nombre e historias particulares que se encuentran en esa búsqueda de su identidad y de una existencia con sentido que les permita sentirse un poco más libres de los mandatos que se ejercen sobre nuestros cuerpos, con esta lucha que nos une a todas y al mismo tiempo nos separa, necesariamente, para darle lugar y significado a cada una de nuestras vidas.

 

 

 

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