Tres impactos sobre la poesía de “Leopoldo María Panero 0 las máscaras del tarot” de Xalbador García

por Gabriela Arredondo

Conocí la poesía de Panero gracias a Xalbador, mi primer impacto fue el de un escritor atrevido, de cualidades inasibles y por supuesto, como lo exige el respirar de la poesía, impredecibles.No sé si decir que el libro que ahora nos reúne es la historia de un loco, cuyo refugio y adicción eran las letras, o el de un profeta que lleva décadas revelando verdades a oídos y ojos que han olvidado cómo es percibir fuera de la atmósfera de un mundo regulado. ¿Es que acaso, y alguna vez, hemos aprendido a percibir fuera de un mundo regulado? Me parece que la cuestión se dispara en ambas posibilidades. Para un mundo regulado, Panero tal vez sólo sea un loco, adicto al desastre y al hashish, pero para un mundo no regulado, Panero tal vez sea el profeta. Aquel que posee la habilidad para dar belleza a los dientes del vagabundo y a la mordedura del suicidio. 

En este sentido, me parece que una perspectiva suficiente que valore su poesía no es la que intente adentrarse a un mundo no regulado, sino más bien la que intente recordar, en palabras de Heidegger, el recinto del lenguaje: “…todos los seres están a su modo, en cuanto entes, en el recinto de la lengua.” Pero ¿qué significa esto? Más allá de concebir que la lengua es herramienta de comunicación y constructora de realidades, y de la cual hemos tomado las herramientas para construir un orden, un logos, ¿en qué modo se supedita la poesía a este supuesto orden? Heidegger sugiere que somos nosotros quienes habitamos el lenguaje y no él a nosotros. Es decir, el lenguaje es el hogar que habitamos y no al contrario. Por tanto, cabe preguntar: ¿En qué modo Panero habita el lenguaje? ¿Cómo es posible entenderle en su propio modo de habitar? La poesía parece ser el camino en el que se le encuentra.

Leopoldo María Panero 0 las máscaras del tarot

Pero, y a pesar de supeditar el lenguaje a una presunta fórmula que se distingue por romper la lengua habitual, Panero se sigue escapando del orden, tal como lo hace la poesía de la razón.

Basta observar un ejemplo: En Nueve novísimos poetas españoles, –expone Xalbador en la carta de “El colgado”- se sostiene “que los jóvenes presentados ostentaban una nueva sensibilidad respecto al estilo poético dominante de ese momento que era de tipo social y testimonial, y por tanto, encarnaban el germen de una ruptura en la lírica española”. Dicha antología, en la cual se encuentra el poeta, no fue bien recibida por el canon literario español del momento, pero posiblemente significa para Panero uno de sus nidos. Si ha de salir a su encuentro la voz autoritaria negando al escritor como literatura, entonces la poesía, como voz íntima y libre, ha de confrontar y burlar toda autoridad. Incluso, y sobre todo, la que se impone a la lengua.

Mi segundo impacto, sin embargo, generó una confusión al momento de encontrar en Panero poemas tan delicados como “Primer amor”, hasta poemas tan guturales como “Himno a Satán”. Lo que me hizo reflexionar que, ante un poeta que genera interrogantes de tal magnitud, la menor de las curiosidades será conocerle un poco más. Ya sea por medio de la lectura, la investigación, el análisis, o en casos más profundos y atrevidos, ir hasta Las Palmas de La Gran Canaria para conocerlo y charlar en persona, como hizo Xalbador. Él mismo me ha comentado en ocasiones que aún hoy se pregunta por qué razón quiso conocerle. ¿Será que lo que no desciframos en la poesía podremos descifrarlo en los ojos de su autor? Xalbador responde: “Me encaminé a su encuentro. No dejaba de mirarme, pero de inmediato desvió el rostro. Entonces comprendí el juego. A la locura no se le puede observar directamente a los ojos. Se trata de una tierra vedada para los no iniciados.”

Esta descripción me ha llevado a atisbar un poco del amplio espectro que es Panero y la que me ha generado el tercer impacto: Deducir que no fue otro, sino la poesía, el recinto del lenguaje que esperaba el habitar de Panero. El más acogedor e íntimo para quien estaba destinado a hablar con el diablo como con las aves.

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